¿Y si la interpretación no está a la altura?

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27 de marzo de 2025
Imaginad un evento en el que todo esté perfectamente organizado —luces, sonido, escenografía, tiempos— Todo salvo un detalle que, cuando falla, lo arrastra todo consigo: la interpretación.
La interpretación de conferencias es una disciplina exigente, aunque muchas veces se da por sentada. Tal como tratábamos en nuestras redes sociales hace unos días, muchas veces se piensa que basta con hablar idiomas o con tener buen oído. Sin embargo, cuando la persona (o el equipo) que interpreta no está a la altura, se nota y mucho. El discurso pierde fluidez, surgen dudas, los asistentes desconectan… y la imagen del evento, o incluso de la organización, se resiente.
Esto no tiene por qué ocurrir. Una de las formas más sencillas de evitar este tipo de situaciones es confiar en profesionales con la formación y la experiencia adecuadas. La interpretación cambia mucho según el tipo de acto: no se requiere lo mismo en una mesa redonda académica que en una rueda de prensa deportiva o en una presentación para el sector del lujo. Cada contexto tiene sus códigos, su ritmo y su lenguaje propio, y es imprescindible que el intérprete los domine.
Además, estos problemas se pueden prevenir cuando se cuenta con intérpretes que no solo dominan la técnica, sino que comprenden el contexto específico del evento. La diferencia entre un acto fluido y uno caótico muchas veces está en los detalles: el tono del sector, su jerga habitual, los tiempos del discurso, el perfil del público. Y eso se aprende con experiencia en situaciones reales, no solo con conocimiento lingüístico.
Por otra parte, la interpretación no es una habilidad única y aplicable por igual en cualquier situación. Cambia con el tipo de discurso, el entorno e incluso la energía del evento. Por eso, es importante que quien interpreta haya trabajado antes en contextos similares y sepa anticipar lo que no siempre está escrito en el guion.
Con los años he aprendido que conocer bien los idiomas es importante, sí, pero más aún es captar la energía del entorno en el que se habla. Un discurso en el Parlamento no tiene el mismo ritmo ni lenguaje que una presentación de una nueva línea cosmética o una entrevista pospartido. Cada situación exige una mirada, una escucha y una respuesta distintas.
Me gusta pensar que una interpretación bien hecha es casi invisible. Que el público tiene la sensación de haber escuchado al ponente directamente, sin filtros ni interferencias. Esa es nuestra misión. No restar, no interrumpir ni distraer, sino acompañar el mensaje y facilitar que llegue con toda su fuerza.
Si te estás planteando organizar un evento multilingüe, te animo a pensar en la interpretación no como un gasto superfluo o un trámite, sino como una parte esencial de tu comunicación. Porque cuando la interpretación está a la altura, todo lo demás también lo está.